Muriel Romero, directora
Tomás Bautista, director adjunto
Ana Catalina Román, asistente a la dirección artística
Cristina Redondo, directora de producción
Maite Villanueva, directora de comunicación
Alessandro Riga, Kayoko Everhart, Giada Rossi, primeras figuras
Cristina Casa, Yanier Gómez Noda, Anthony Pina, principales
Ion Agirretxe, Elisabet Biosca, Ana María Calderón, Felipe Domingos, Mario Galindo, Elisa Ghisalberti, Thomas Giugovaz, Erez Ilan, Daniel Lozano, Shlomi Shlomo Miara, Gaizka Morales, Natalia Muñoz, Mariavittoria Muscettola, YaeGee Park, Hamin Park, Shani Peretz, Benjamin Poirier, Javier Serrano (Bailarín de carácter), Irene Ureña, solistas
Mar Aguiló, Niccolò Balossini, José Alberto Becerra, Natalia Butragueño, Emma Cámara, Juan José Carazo, Margaux Chesnais, Celia Dávila, Joshua Feist, Sara Fernández, Valeria García, Martina Giuffrida, Alba Hellín, Tamara Juárez, Sara Khatiboun, Roberto Lua, Álvaro Madrigal, Clara Maroto, Marcos Montes, Gianmarco Moschino, María Muñoz, Ayuka Nitta, Daniella Oropesa, Nora Peinador, Laura Pérez Hierro, Pauline Perraut, Alejandro Polo, Iván Sánchez, Roberto Sánchez, Rodrigo Sanz, Tomás Sanza, Francesca Sari, Rubén Vaquero, Bárbara Verdasco, Samantha Vottari, cuerpo de baile

El título de este programa, NumEros, es un portmanteau, una combinación de dos términos, numen y eros, en cierto sentido opuestos pero que conforman dos elementos centrales en la creación en danza: Eros como impulso vital encarnado, impulso creativo, fuerza deseante que se manifiesta en y a través del cuerpo; y Numen como presencia intangible, inspiración poética o espiritualidad inmanente que trasciende la voluntad del artista. Cuando se encuentran, nace NumEros, que evoca el Número como principio de orden, patrón subyacente, lógica que da forma al movimiento. En este sentido, NumEros propone una articulación entre estas tres dimensiones fundamentales del pensamiento y la experiencia creadora en la danza.
Siguiendo este concepto, este programa reúne el trabajo de tres coreógrafos, Georges Balanchine, William Forsythe y Jacopo Godani, que han desarrollado un pensamiento coreográfico formal y numérico, pero en el que la coreografía se construye como un campo de tensiones entre lo racional y lo corporal, entre lo medible y lo inefable. En estos trabajos los intérpretes trabajan a partir de sistemas numéricos–proporciones, repeticiones, permutaciones, secuencias– no solo como meros esquemas compositivos, sino como territorios vividos desde el cuerpo. El cuerpo, en este contexto, no se limita a ejecutar formas: las encarna, las perturba, las transforma. Así, la danza deviene un proceso en el que la precisión numérica se encuentra con el exceso del deseo, y la abstracción formal con la potencia afectiva del gesto.
Este programa se inscribe en una línea de pensamiento coreográfico donde el cuerpo no es mero ejecutor de formas, sino agente activo de un pensamiento en movimiento. En este sentido, NumEros dialoga con la tradición coreográfica a través de los creadores George Balanchine, William Forsythe y Jacopo Godani, cada uno de los cuales ha abordado, desde distintas estéticas, la relación entre estructura matemática y energía corporal.

La Compañía Nacional de Danza fue fundada en 1979 con el nombre de Ballet Clásico Nacional (a partir de 1981, Ballet Nacional Clásico), con el bailarín y maestro Víctor Ullate como primer director, que implementó en la nueva compañía el estilo del Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart, del que había sido bailarín.
En febrero de 1983 la maestra María de Ávila se hizo cargo de la dirección de los Ballets Nacionales Español y Clásico, abriendo las puertas a coreografías de George Balanchine y Antony Tudor. También encargó coreografías a Ray Barra, bailarín y coreógrafo norteamericano residente en España, a quien ofreció posteriormente el cargo de director estable, puesto que ocupó de 1984 a 1990. Tras la partida de María de Ávila en agosto de 1986, Ray Barra ocupó el cargo de director artístico hasta diciembre de 1987, cuando la bailarina rusa Maya Plisétskaya fue nombrada directora artística del denominado en ese momento Ballet del Teatro Lírico Nacional. Bajo su dirección- y hasta 1990- la compañía incorporó repertorio clásico.
En junio de 1990, Nacho Duato asumió la dirección artística del Ballet Lírico Nacional que, a finales de 1992, pasó a llamarse Compañía Nacional de Danza. Duato ejerció su cargo durante veinte años -hasta julio de 2010- periodo que supuso un cambio profundo en la formación, al dedicar el repertorio de la compañía a coreografías propias junto a otras de coreógrafos internacionales contemporáneos de contrastada calidad. Desde agosto de 2010, Hervé Palito sucede a Duato como director artístico durante un año.
De septiembre de 2011 a septiembre de 2019 es José Carlos Martínez quien ejerce la dirección artística de la CND, ocho años en los cuales incorpora al repertorio de la compañía obras clásicas, a la vez que mantiene otras de corte más contemporáneo, además de iniciar un programa educativo e inclusivo.
Tras él, Joaquín De Luz es director artístico de la compañía desde septiembre de 2019 hasta agosto de 2024, cinco años en los que trabajó para lograr una compañía versátil conformada por bailarines capaces de afrontar diversos estilos y registros coreográficos.
En julio de 2024 el INAEM, organismo dependiente del Ministerio de Cultura, anuncia el nombramiento de Muriel Romero como nueva directora de la formación. Bajo su dirección, Romero continúa potenciando la versatilidad de la compañía y -con la excelencia como principio- incorpora un trabajo transdisciplinar, las nuevas tecnologías y una visión feminista, inclusiva y diversa.
Muriel Romero (Murcia, 1972) comenzó sus estudios de danza clásica, danza española y música de la mano de Alicia Monteagudo Ros. Con 11 años ingresó en la Escuela del Ballet Nacional de España, dirigida por María de Ávila. Continuó su formación con Lola de Ávila y en paralelo realizó la carrera de danza clásica, en la categoría examen libre, obteniendo matrícula de honor en todos sus cursos. Con 14 años obtuvo el 1er Premio Nacional de Danza Clásica en el Concurso Ciudad de Barcelona y con 15 años el Prix du Paris en el prestigioso concurso internacional Prix de Lausanne. En 1988, con 16 años, ingresó en la Compañía Nacional de Danza bajo la dirección de Maya Plisétskaya, donde bailó papeles principales en clásicos como Paquita de Marius Petipa, Les Sylphides de Mikhail Fokine y The Four Temperaments de George Balanchine. Ese mismo año, se presentó al International Ballet Competition en Moscú, en el que obtuvo tres galardones: Premio Mijail Baryshnikov, Premio de la Crítica y Premio del Público.